[…] El lunes fuimos recibidos con danzas tradicionales interpretadas por las niñas como bienvenida. Como latinoamericano, me fue fácil encontrar las similitudes de los ritmos africanos con los propios  de mi región. Danzas que representaban el trabajo de recolección en el campo, o de la caza. Fue un espectáculo muy bonito. Ese día transcurrió sin mayor complicación. A la noche tuvimos una reunión para discutir los detalles de nuestras actividades: clases de inglés, competencias entre equipos y actividades recreacionales.

Al ser mi primera experiencia como “profesor” de niñas tan jóvenes estaba ciertamente nervioso porel desenvolvimiento de la clase. Aunque fui instructor de cursos de mercadeo, el hecho de tener alumnas tan jóvenes requería un cambio en mi estrategia. Y así traté de hacerlo. Debo admitir que me llevé una grata impresión al ver el nivel de dominio del idioma inglés. He estado en ciudades con condiciones económicas muy diferentes y no presentan tal habilidad.

Luego de las clases, reuníamos a las niñas para realizar competiciones en equipo: la carretilla humana, gigante & enano, saltar la cuerda, encestar más veces, carreras en equipo y otras fueron los juegos propuestos. Cada juego tendría su puntaje y al final del campamento se darían a conocer los resultados con una respectiva premiación.

Para finalizar nuestras actividades, tendríamos una reunión con las líderes, en donde se discutirían todas las novedades del día y se darían instrucciones para los días venideros. Estas reuniones eran acompañadas con té y galletas o pan. Sin importar el tamaño de la porción que recibían las niñas, nunca dejaron de ofrecernos.

Y así fueron transcurriendo nuestros días. No había mucho tiempo para sentarnos a descansar, aunque tampoco teníamos ganas de quedarnos sentados. En paralelo, teníamos que ir recopilando la información para nuestro proyecto, lo que nos llevó a visitar locaciones como la Universidad de Dilla, un hospital y casas de algunos padres a fin de recopilar información para nuestro estudio. Al estar tan ocupados, los días fueron transcurriendo rápidamente. Sin notarlo ya estábamos camino a Addis Abeba para una clase maestra que dictaría la profesora Gayle a potenciales estudiantes del IE. Al día siguiente volvimos a Madrid.

El haber ido a Dilla bajo estas circunstancias representa una de las experiencias más intensas que haya tenido en mi vida. Creo que el concepto de necesidad cobra otro significado. De igual manera, otros conceptos han cambiado en mí como lo es la amistad, el deseo de superación y la dedicación. Es una experiencia que recomiendo a todo el que la pueda realizar.

Bet‘am amesegënallô

Gerardo R. Lara Mendoza

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