DANS

Por Enrique Dans – Profesor de Sistemas y Tecnologías de Información en IE Business School

A mediados del pasado mes de julio terminé mi curso de Innovación con el International MBA en IE Business School. Uno de mis grupos tuvo el detallazo de regalarme una tarjeta de tamaño A4 con esas dos fotografías que veis en la ilustración, con sus firmas y dedicatorias por dentro, y una botella de un buen Rioja reserva.

Llevo más de veinticinco años en esto. Trabajo muchísimo mis contenidos, los renuevo constantemente, trato de mantenerme todo lo actualizado que puedo, de proponer discusiones relevantes… sin duda, los contenidos juegan un papel importantísimo en una clase, y seguramente más aún si lo que tratas de enseñar es precisamente innovación: nadie entendería que no tratases de aplicarte lo que enseñas y no intentases innovar constantemente para ello…

Pero a partir del momento en que tu metodología se basa en ser un cimiento sobre el que tienes que conseguir que los que aporten sean tus alumnos, hay un factor fundamental en el éxito de un curso, un conjunto de circunstancias que, te pongas como te pongas, no se pueden preparar.

Cuando lo que tienes delante es un grupo de personas de entre 26 y 34 años con una media de casi 30, muy bien seleccionados con un proceso de selección exigente, con experiencia de más de cinco años trabajando, y procedentes de 43 países del mundo, la dinámica de clase no se puede preparar. Si crees ser “el mago” que la maneja y que agita su varita para que salga bien, te equivocas. Solo eres un ingrediente más en una receta.

Puedes, gracias a la sensibilidad y a la experiencia, llegar a aprender cómo manejarte en las complejas cuestiones que rodean a todo eso llamado “corrección política”, evitar ofender o molestar a nadie, o al menos, si lo haces, que te ocurrirá, que se vea como algo hecho sin ningún tipo de mala intención. Puedes incluso llegar a entender por qué determinadas personas de ciertas procedencias tienen más o menos tendencia a intervenir, en función de las características de los sistemas educativos en los que se han formado. Pero la química de cada grupo es completamente única y especial. Depende de cómo tienes el día, de cómo responden ellos, de cómo sale la primera sesión y cómo respondes a las primeras intervenciones… lo único que puedes hacer es llegar el primer día y hacerlo lo mejor que puedas para soltar una bola de nieve desde lo alto de la ladera. Que ruede o no, que se haga grande o se pare en algún punto… ya no depende de ti. Ni de ellos, creo. Depende de otros factores, inmanejables e imposibles de anticipar. Por eso cuando un curso sale realmente bien, cuando sales de cada sesión encantado con las ideas que han surgido, cuando aprendes y cuando ves que tus alumnos entienden que tienen tanto a ganar – si no más – que tú en que la sesión salga bien, te pones tan sumamente contento y piensas que hiciste bien en dedicarte a esto.

Bayo Adesina, estudiante norteamericano de origen nigeriano, uno de esos perfiles hipercreativos que me encanta encontrarme en una escuela de negocios, me hizo este vídeo: Questions with Enrique Dans, Innovation

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